El Camino despierta en su entrada a Galicia: «Llevamos meses esperando a venir»

El fin del cierre perimetral anima el flujo de peregrinos hacia Santiago en O Cebreiro

Hermógenes se subió a un avión en Tenerife, aterrizó en Madrid, subió a Pamplona y de ahí a Roncesvalles para caminar hasta Santiago con ganas de comerse un «buen cocido» tan pronto pusiese un pie en Galicia. El termómetro supera en O Cebreiro los 20 grados, sin una nube en el cielo ni rastro del viento, así que se conformó, con reservas por el calor, con un caldo servido en taza de barro. Es la avanzadilla de un grupo de más de cien personas que se quedaron entre León y Astorga; españoles, italianos y franceses que no lograron mantener el paso de este peregrino que hace entre 35 y 40 kilómetros por etapa. Por ahora, la primera parada gallega del Camino Francés solo recibe al mediodía a algo menos de una docena de visitantes con mochilas y bastones que comienzan a devolver vitalidad a la ruta xacobea.

Los peregrinos suben de nuevo a la aldea de O Cebreiro dos semanas después de que finalizase el estado de alarma y, con ello, la apertura de las fronteras entre comunidades. En el Mesón Antón, con techo de pizarra y pegado a una palloza, Ana prepara las comidas para el mediodía sin ningún cliente aún en el bar. «Isto parecía un pobo fantasma ata hai días», reconoce. Ahora atiende ya a madrileños, catalanes y «algunha rapaza de Bélxica e Holanda».

Hermógenes, peregrino procedente de Tenerife, toma caldo en el Hotel O Cebreiro
Hermógenes, peregrino procedente de Tenerife, toma caldo en el Hotel O Cebreiro

Juan arranca fuera su furgoneta con el logo de Jacotrans, una compañía que desde el 2006 transporta mochilas y equipajes de los peregrinos a lo largo del Camino Francés hasta Fisterra. Es algo más pesimista que la tabernera: «Hace un año éramos cuatro y hoy estoy yo solo». El conductor se va de vuelta a Vega de Valcarce, en León, después de dejar solo diez mochilas en los hostales de la zona. En un año normal, antes de la pandemia, calcula que habría transportado unas 300. «En el 2020 tuvimos que poner dinero de nuestro bolsillo para seguir adelante», apunta Juan, que subsiste también conduciendo un taxi.

1.600 peregrinos este año

La pandemia provocó el peor arranque posible para el Xacobeo. La Oficina del Peregrino registra, por ahora, la llegada de 1.609 caminantes a Santiago en lo que va de año. La mayoría lo hicieron el mes pasado, cuando 1.024 entraron en la praza do Obradoiro a pesar de las restricciones de movilidad entre comunidades. Casi todos eran españoles (808), seguidos de alemanes (42) y estadounidenses (25). En el 2019, solo en abril, entraron 31.722. De ahí que las expectativas de José Luis, del Hotel O Cebreiro, tampoco sean las mejores. Hoy espera a cuatro huéspedes para las cinco habitaciones del hostal y apenas hubo un puñado de días en Navidades y en algún festivo en los que se cubrieron las cinco vacantes. «Nunca houbo nada parecido, a ocupación non ten nada que ver con outros anos», lamenta desde la barra, «todo está supeditado a como evolucione o virus».

Juan, con su furgoneta de Jacontrans, tras dejar solo diez mochilas en el pueblo
Juan, con su furgoneta de Jacontrans, tras dejar solo diez mochilas en el pueblo

El primer chino del Camino

A un par de kilómetros, Mariluz y Sonia encaran desde la aldea leonesa de La Laguna la pedregosa cuesta que les llevará a O Cebreiro. Se encontraron el día anterior, Mariluz viene de León y es la tercera vez que hace el Camino. Sonia lo ha ido haciendo por etapas, partiendo de París, donde reside, a Saint Jean Pied de Port para iniciar la ruta francesa.

Desde allí también salió Fabio, un joven turinés que empezó el Camino solo y, desde la primera etapa, comparte aventura con Bischeng, que viajó desde China. Según las estadísticas de la Oficina del Peregrino será el primer ciudadano de ese país en alcanzar el Obradoiro este año. Los dos reclaman la atención de los pocos turistas que pasean entre las pallozas de O Cebreiro, con Fabio anunciando que viene de la ciudad de Fiat, el Torino y la Juventus y Bischeng reclamando fotos con su móvil. En el pueblo se dejan dos euros para comprar un par de latas de refresco y siguen su etapa hasta Fonfría, a casi doce kilómetros.

Por la aldea aparecen también Gabriel e Iria, que empiezan al día siguiente su Camino: el primero para ella, el enésimo para él, ya veterano en el peregrinaje y con un soporte artesanal atado a la espalda para sostener la mochila. «Hai quen mo quere patentar», sonríe el hombre, que dice que antes iba con un carrito que tiró en Toulouse cuando hizo la ruta desde Roma. Los dos vienen de Moaña y aprovecharán lo que queda de tarde para descansar. «Non hai que queimar as naves o primeiro día, moita xente fai o Camiño sen preparación ningunha», advierte Gabriel mientras Iria le ayuda a colocarse la mochila. Son siete kilos y medio. Si no los lleva a la espalda, para él, no es Camino.

Fabio y Bischeng, peregrinos que llegan desde Italia y China, cruzan la frontera gallega hacia O Cebreiro
Fabio y Bischeng, peregrinos que llegan desde Italia y China, cruzan la frontera gallega hacia O Cebreiro

La reapertura de los albergues de la Xunta se decidirá cuando aumente la demanda

Zureya y Vianney bajan en bicicleta entre las pallozas de O Cebreiro. «Llevamos meses esperando a que abriesen las fronteras para volver a empezar», dice ella, venezolana y residente en Francia. Habían empezado hace más de un año en París, pero la pandemia y el confinamiento lo interrumpieron todo. Ahora cumplen su noveno día tras partir de Saint Jean Pied de Port, haciendo entre 70 y 80 kilómetros por etapa, llegando a superar los 90 por las llanuras castellanas. La idea, el jueves, era llegar a la misa del peregrino del sábado. «La gente está encantada con recibirnos, se nota que hay muchas ganas de que todo vuelva a activarse», añade. Esta noche dormirán en Sarria, luego de encontrarse con que los albergues públicos de la Xunta siguen cerrados. «El Camino se nos está haciendo muy caro al no poder ir a ellos», reconoce Zureya, obligada así a hospedarse en hostales o albergues privados donde los precios por noche oscilan entre los veinte y los cincuenta euros.

El elevado coste del Camino sin albergues públicos llegó hasta la iglesia de Santa María a Real, donde pasea Miguel, uno de los dos curas que se reparten las catorce parroquias de la zona. Dice que hubo peregrinos que llamaron a la puerta del templo para pedir refugio en invierno. «Para que no duerman a la intemperie, hemos abierto a gente que no contaba con recursos económicos», comenta el párroco.

Iria ayuda a Gabriel a colocarse la mochila, frente al Mesón Antón, antes de iniciar el Camino Francés
Iria ayuda a Gabriel a colocarse la mochila, frente al Mesón Antón, antes de iniciar el Camino Francés

La Xunta no ha fijado aún una fecha para la reapertura de los albergues públicos del Camino, a la espera de que la demanda aumente y para favorecer también la ocupación en los alojamientos privados. El Gobierno gallego ha puesto en marcha varias actuaciones para la adecuación a la actual situación sanitaria de los albergues y el conjunto de locales turísticos, con una inversión de 3,5 millones de euros. La red para este doble Año Santo cuenta con 78 establecimientos.

Destino seguro

El año pasado, 28 albergues públicos (18 de ellos de gestión autonómica) abrieron sus puertas a partir del mes de julio. El vicepresidente Alfonso Rueda, cuyo departamento gestiona la cartera de Turismo, reivindicó a la comunidad como destino seguro en la apertura de Fitur esta semana: «Galicia está preparada para recibir de nuevo a viajeros y peregrinos. Durante este tiempo de pandemia trabajamos para ofrecer confianza en un destino y en un Camino seguro».

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