TESOROS A PIE DE CASA | Aislamiento, muy poca afluencia y entorno virgen: la comarca aún guarda estos refugios
01 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.Lo de escondrijo es ciertamente relativo. Una, porque los vecinos saben muy bien de ellas. Dos, porque el Camiño dos Faros, besando el mar desde Malpica a Fisterra, a lo largo de 200 kilómetros, ha posibilitado que muchos fijen sus ojos, e incluso sus pies, en ellas. Aun así, lejos de nombres como Langosteira, Balarés, Soesto, Laxe, Traba, O Ézaro, Razo, Baldaio, Caión, Nemiña, O Lago... y tantos otros, están estas playas y calas de la Costa da Morte que, de momento, son más bien refugio de unos pocos. Han ganado afluencia en los últimos años, eso sí. Es el caso de Niñóns, en Ponteceso, con una llegada que tiene su miga, pero también con usuarios muy leales, por su tranquilidad y por un entorno natural que bien se presta a pasar el día.
No lejos de Balarés, pero con unas características totalmente distintas, empezando por las dimensiones, también en Ponteceso, está la playa de A Barra, asimismo en Ponteceso. Cormelana es A Barda. Ni siquiera en pleno mes de agosto tendrá problemas de espacio, y ganará mucho de magia, como ocurre con Area das Vacas, en el vecino municipio de Cabana. Hay quien le atribuye arena dorada, otros blanca y fina: en todo caso, un entorno virgen y aislado que se conquista, por supuesto, a través de un acceso a la altura de las circunstancias.
Imposible enumerar todos los refugios de arena que esta comarca ofrece, pero necesario mencionar otro ejemplo en Cabana, San Pedro: forma de media concha, naturaleza por doquier, llegada peatonal y bastante aislamiento, pese a quedar a escasa distancia de la playa urbana de Laxe.
También en Malpica, otra referencia costera, esta la Seiruga Pequena, o As Torradas, a unos 14 kilómetros de la capital municipal, casi en el límite de Carballo y con un aire idílico (si le gusta el fuerte oleaje), por soledad, tranquilidad, aguas claras y entorno agreste. El acceso se mejoró con una escalera y recomiendan en ella ciertas experiencias, como esperar a que baje la marea para ver crecer el arenal y fusionarse con la vecina Os Riás.
La playa de Arnado y la cala Catasol, en Laxe, son asimismo esencia pura de la Costa da Morte. Las alcanzan los más avezados o los que mejor conocen el territorio, pudiendo así alejarse de grandes afluencias.
Aspecto «casi desértico» le atribuyen, de otro lado, a la playa do Trece, ya en Camariñas, cinturón de dunas y calas. Alcanzarla en un día de sol, pero de puro invierno, con el mar embravecido, es de esas imágenes que quedan en la memoria. Litoral salvaje. En los cercanos bajos de Punta do Boi acabó sus días el Serpent, dando origen al Cemiterio dos Ingleses. Tierra y mar esconden, de otro lado, la playa de Arnela, en Muxía, cobijo con sus singularidades y su rexoubar. Muchas otras guaridas podrían añadirse a las mencionadas: entre ellas, Sabadelle, el trozo que Vimianzo tiene de mar. Bien para elegir, por tanto: si busca arenales con pinar, también los hay.