Un río encantador en Santa Comba junto a un castro que no resulta fácil distinguir

cristóbal ramírez

VEN A GALICIA

CRISTÓBAL RAMÍREZ

La ruta denominada Rego da Illa cuenta con un sendero señalizado que pronto se termina

08 oct 2021 . Actualizado a las 22:57 h.

Tierras alomadas estas de Santa Comba. Tierras de granjas, de gente que se deja el alma para que la tierra produzca, expuestos todos a las inclemencias del cambio climático que parece que no se atisba pero que ya está aquí. Eso sí, todavía no ha podido con el famoso «cordonazo de San Francisco», que no falló por la onomástica del santo: el fin de semana pasado cayó una buena, siempre detrás del no menos famoso «veranillo de San Miguel».

Pero este largo fin de semana que hay por delante anima a salir. Y a hacerlo por lugares poco frecuentados, lo cual es sinónimo de bajo riesgo de pillar el covid. De manera que rumbo a Santa Comba y desvío a la derecha a Freixeiro, para continuar todo recto a A Illa, una aldea en la que no hay que hacerse ilusiones. No por ella misma, por cierto poblada por gente amable, sino porque está anunciado que por allí pasa una ruta llamada Rego da Illa. Pues a comprobarlo: al llegar se pasa el puente, sígase unos metros, se gira a la izquierda y se deja ahí el coche. De modo que vuelta al río y, sin cruzarlo, se desciende a la izquierda. Ahí fue colocado un panel informativo de la fauna y flora locales. Y a caminar.

Entre carballos y tejos

El sendero es eso, un sendero, bien marcado y delimitado en sus bordes por listones de madera y que discurre pegado a la corriente. Una maravilla, con carballos y tejos.

La desilusión viene a los cinco minutos, porque ese sendero se acaba. Y sea dicho de paso, a alguien debería caérsele la cara de vergüenza porque ahí se metieron (¡o eso dice un cartel!) 50.000 euros, que aportó la Dirección Xeral de Turismo. Y no, no han cundido nada.

Pero en fin, el camino acaba bruscamente, da para pasear con la familia unos minutos y nada más. Cierto es que con botas de montaña los aventureros tienen ante los ojos un desafío: continuar río arriba por áreas algo encharcadas, pero sí, en efecto, es posible. Claro que sin los más pequeños del grupo.

Solución: de regreso al coche y a continuar como si no hubiera habido parada. En un par de minutos se gana Castropombo, una pequeña aldea que se deja a la izquierda, y a partir de ahí, la segunda pista a la izquierda.

El asfalto ni sube ni baja. El paraje resulta no solo bello -que también- sino tranquilizador. Pero ¿y el castro que parece que hubo allí? Pues lo está cruzando el visitante: maíz a la diestra, hierba a la siniestra, y mirando a un lado y a otro comprobará que algo parecido a una muralla se cierra en círculo solo roto precisamente por la pista asfaltada por la que circula. Un lugar muy tranquilo donde los pequeños pueden correr a su aire.

El castro, impecable

Lo idóneo es echar un vistazo en casa, antes de salir, al vuelo americano 1956-57. El castro luce impecable. Y lo que es más interesante, un poco a la izquierda parece haber habido otra construcción, quizás defensiva, quizás mera aldea posterior. Todo un misterio que hace más atractivas estas tierras de Santa Comba, cuyo concello tiene una web en la cual, si figura una palabra de todo esto, lo tienen muy escondido.