Hemeroteca | 2004 | Un japonés, primer peregrino del 2004 que entra en Galicia

Dolores Cela Castro
Dolores Cela O CEBREIRO

VEN A GALICIA

Kenichi Michimata llegando al santuario de O Cebreiro el 1 de enero del 2004.
Kenichi Michimata llegando al santuario de O Cebreiro el 1 de enero del 2004. OSCAR CELA

Kenichi Michimata empezó el Camino en Saint Jean Pied de Port en el año 2002 y cubre etapas según su disponibilidad de días libres

30 dic 2021 . Actualizado a las 21:14 h.

El japonés Kenichi Michimata, de 42 años, profesor de secundaria, fue el primer peregrino que entró en Galicia en el Xacobeo que empezó ayer. Llegó a O Cebreiro sobre las seis y media de la tarde, tras recorrer a pie los 28 kilómetros que separan esta localidad de Villafranca del Bierzo. Sobre las siete acudió a iglesia de Santa María la Real a sellar su credencial. Ya se había duchado en el albergue y estaba dispuesto a reponer fuerzas en la hospedería, antes de retirarse a descansar, ajeno al interés que despertaba su presencia. «Vengo a Galicia por Javier de Navarra», dijo en inglés. Kenichi se refería a San Francisco Javier, patrón de las misiones e introductor del cristianismo en tierras niponas.

Empezó el Camino, que está haciendo por etapas, según sus disponibilidad de vacaciones, en Saint Jean Pied de Port en el 2002. El profesor nipón coincidió en la noche de fin de año con un nutrido grupo de peregrinos en Villafranca del Bierzo. Los otros se lo tomaron con más calma, después de asistir a la fiesta organizada para los caminantes en esta localidad y llegarán probablemente hoy a O Cebreiro.

En el poblado prerromano pasaron la última noche del año varios grupos, en total cerca de 30 personas, que madrugaron para seguir camino hacia Triacastela.

Sobre las diez de la mañana de ayer en O Cebreiro había muy poco movimiento. Hasta las once y diez no apareció en la iglesia el primer peregrino, y el único que acudió a sellar la credencial, hasta la llegada del nipón. Era Ventura González, un santiagués aficionado al montañismo, que regenta una agencia de viajes y que empezaba en este punto.

La aldea se empezó a animar poco antes de que Lolo, el campanero, llamara a misa de 12. Pero los 50 fieles no eran peregrinos —ni uno— sino vecinos que acudían a la primera eucaristía del año y después a tomar algo contra el frío. Había tres grados y la niebla mordía los huesos.