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Ribas de Sil le añade vino a su recuperada fiesta de la cereza y del aceite

Carlos Cortés
Carlos Cortés MONFORTE / LA VOZ

VEN A GALICIA

Cientos de personas visitaron el recinto del certamen en la playa fluvial de San Clodio

05 jun 2022 . Actualizado a las 22:02 h.

El 2021 no es solo el año en que vuelven las fiestas gastronómicas de la Ribeira Sacra, sino también el de la reinvención de algunas de ellas. Ribas de Sil recuperó este fin de semana su fiesta dedicada a la cereza y el aceite locales después de dos años en los que no se pudo celebrar. La edición número 18 de la Festa da Cereixa e o Aceite de Ribas de Sil lo fue también del vino, en un cambio con el que el Ayuntamiento quiere reconocer la importancia creciente que este sector tiene para el municipio.

La vuelta de la fiesta dos años después llegó con menos vendedores de cerezas que antes de la pandemia. Si en los últimos años lo habitual era que participasen media docena de productores, esta vez fueron solo tres. Los que se retiraron lo hicieron fundamentalmente por razones de edad, no porque este año la producción haya sido escasa. Siempre delicada y expuesta a muchos condicionantes meteorológicos, en Ribas de Sil este no ha sido un año excelente para la cereza, pero tampoco es de los peores. «Houbo moitas nalgúns sitios e noutros sitios non», resume Quique Díaz, que este fin de semana vendió sus cerezas a dos precios, de 10 y de 12 euros la caja de dos kilos, en función de su tamaño y calidad.

Dos cerezos en A Rúa

Quique Díaz tiene en producción siete cerezos grandes en Casares, un lugar de la parroquia de Peites, y otros dos en el vecino municipio de A Rúa. Una parte de esas cerezas las consumen ellos mismos y el resto es lo que vende en la fiesta. Es el planteamiento habitual entre los vendedores habituales en este certamen, que aprovechan el certamen para dar salida a las cerezas que les sobran. La producción de Joaquín Vidal es mayor porque tiene unos 150 cerezos, pero tampoco esta es para él su ocupación principal. «Isto é un complemento», admite. Sin embargo, a él le parece que esta podría ser una buena salida económica para gente joven que quiera vivir en el campo. «O que pasa —se queja— é que as parcelas aquí son moi pequenas e os accesos non sempre están ben».

Cientos de personas visitaron el sábado y el domingo el recinto de la fiesta, situado como siempre junto a la playa fluvial de San Clodio. La primera jornada estuvo marcada por la inauguración oficial del Centro de Interpretación da Minería Aurífera Romana (CIMAR), el cuarto museo del geoparque Montañas do Courel, primero que se abre en el municipio de Ribas de Sil. En cuanto al domingo, las autoridades municipales, con el alcalde Miguel Sotuela a la cabeza, acudieron a la lectura del pregón, un acto que se celebró a una de la tarde. La pregonera elegida este año fue Alexandra Seara, la gerente del consorcio de turismo de la Ribeira Sacra.

Vista de la aldea de Figueiredo, donde crecen olivos de variedades autóctonas

Aceite y cerezas maridan en Ribas de Sil

M. Cedrón

Miguel Ángel Rodríguez nació en Figueirido. Cuenta que de niño andaba a gatas entre los cerezos y los olivos. Dejó el pueblo a los diez años, pero nunca se fue del todo. Vivía cerca e iba con frecuencia. Procuraba hacerlo cada fin de semana hasta que hace una década regresó a vivir a esta aldea del concello de Ribas de Sil. Ahora es uno de los quince vecinos de un pueblo que ha logrado convertirse en foco de atracción. Y además ha sabido aprovechar el valor de los frutos de los árboles entre los que gateaba de niño.

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