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VEN A GALICIA

Paula P. Ferreira

Diario del confinamiento a través de la mirada de los fotoperiodistas

01 ago 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

«Yo seguía con los ojos cerrados. Estaba en mi casa. Lo sabía. Pero yo no tenía la impresión de estar dentro de nada». Raymond Carver.

El proyecto expositivo Galicia en vilo. Miradas desde o confinamento, coordinado por el fotorreportero Miguel Riopa y Afundación, plantea una crónica desde la mirada de los fotoperiodistas, trabajadores esenciales que construyeron una visión de la realidad informativa con su coraje y compromiso que configurará nuestra memoria a través de las diferentes perspectivas y contextos que derivaron del covid-19, desde el confinamiento a las nuevas situaciones vitales que tuvimos que encarar, teniendo en el punto de mira de su objetivo a los sectores especialmente afectados, a los profesionales que arriesgando su vida seguían salvando otras con una solidaridad, energía e ilusión inagotable, imágenes de una primavera eterna que no vivimos a través de la mirada de siete fotógrafos profesionales de renombre.

Entre los fotorreporteros participantes se encuentran Óscar Corral (fotoperiodista de El País Galicia), Mónica Vila (freelance), Agostiño Iglesias (fotógrafo freelance, entonces en La Voz de Galicia), Brais Lorenzo (fotoperiodista. Habitualmente en EFE noticias y Faro de Vigo), Miguel Muñiz (fotógrafo freelance) y Xoán A. Soler (La Voz de Galicia). Todos ellos coordinados por Miguel Riopa, fotoperiodista del centro de noticias Agence France-Presse. 

Viviendo a través de la mirada de otro, tiempo de silencio, tiempo de pandemia. De incertidumbre y desconfianza, confinados y aprovisionados en nuestro búnker, mientras la naturaleza recobraba su espacio y equilibrio sin incendios ni talas indiscriminadas, sin el más peligroso depredador de todos los animales conocidos, el hombre. Esta reclusión, tras la resaca de los aplausos, no nos ha hecho mejores. Confinarnos como protección de un enemigo invisible que podría estar en cualquiera. Abigarradas de provisiones nuestras trincheras de desconfianza, giramos alrededor de la rueda del hámster que nos convierte en ratas de ciudad. Atrapadas. La soledad se descuelga por las paredes como la hiedra, tiñe de orines las paredes como la humedad, levantando muros de cristal entre nosotros mismos. La muerte acecha en cada esquina, en cada residencia, en el abandono de una fría cama de hospital sin una mano amante que llevarse a la boca.

Sobreviviendo a la impotencia de todos los días iguales.

Pero allí estaban ellos, los fotoperiodistas, cronistas de una historia que marcará la historia, en los mercados, en las residencias, en los hospitales con la valentía como escudo y una cámara al hombro por equipaje para mostrar a la sociedad las múltiples realidades que se generaban ante tamaña situación. La exposición, cuaderno de bitácora, crónica de una realidad que llegó sin anunciarse, está formada por 24 fotografías de siete fotoperiodistas gallegos que registraron otras formas de enfrentarse a la pandemia. 

Documentar la historia

Las imágenes de Brais Lorenzo trasladan al espectador una atmósfera narrativa. Sorprende el valor plástico de sus fotografías que traspasan el hecho documental para rasgar una realidad varada en el tiempo, inquietante y pictórica, interrumpida como en suspense y adictiva, paracinematográfica. Resultan extraordinarias las del párroco Francisco Enríquez, de O Pereiro de Aguiar, caminando a través del cementerio y la de un militar de la Brilat desinfectando la Capilla de la residencia Nosa Señora dos Anxos. Mónica Vila dibuja la soledad convirtiendo en ajedrez la plaza de Fefiñáns, en Cambados, y retrata a Paula que remite en su estética al anime japonés. Agostiño Iglesias transita carreteras vacías de atardeceres, registrando el aviso luminoso que prohibía la circulación y fotografía en Lousame el importante trabajo de los vendedores ambulantes en las zonas rurales. Miguel Muñiz juega con las sombras improvisadas y danzantes de un inteligente contraluz y en su extraordinario manejo de luz, hace que ardan las calles de Santiago en su reflejo, atravesadas por un corredor al amanecer. Xoán A. Soler amplía el concepto de soledad ante una insólita plaza do Obradoiro vacía, y resulta impactante la imagen protagonizada por el perro que atraviesa a Rúa do Vilar como único rastro de vida. Óscar Corral recoge una crítica social que resbala por las fachadas en haces luminosos y resulta turbadora la imagen de la fábrica de ataúdes de Piñor. Miguel Riopa se centra en documentar y valorar el imprescindible compromiso, sensibilidad y cuidados de nuestros sanitarios, enfermeros como Álex Campos y médicos como Marta Estévez.