El sueño de los humanoides, una vieja fantasía que ya no es ciencia ficción

Mila Méndez Otero
M. Méndez

VEN A GALICIA

Llega a Galicia una exposición única en España sobre la inteligencia artificial

19 oct 2022 . Actualizado a las 08:54 h.

Lo común es pensar que la inteligencia artificial, conocida por sus siglas IA, es un invento moderno. Lo sorprendente es descubrir que hace 14.500 años nuestros antepasados atesoraban objetos inertes a los que les atribuían vida propia. El sueño de los humanoides, como el que recibe a los visitantes en la exposición More than Human, que se inauguró ayer en la sede de Afundación en A Coruña, fue compartido por los alquimistas medievales antes que por los desarrolladores informáticos. «El deseo de crear vida e inteligencia siempre formó parte de nuestra historia», destacó Alba Meijide, la comisaria de este viaje inmersivo.

El proyecto internacional del londinense Barbican Centre en coproducción con el neerlandés Forum Groningen llega en exclusiva a Galicia, única parada de su estancia en España. Un «privilegio», dijo Miguel Ángel Escotet, presidente de Afundación, con el que sus creadores quieren ayudar a «procesar el mundo cambiante en el que vivimos», definió Luke Kemp, del Barbican Centre.

La totalidad de las plantas de Afundación están dedicadas a esta propuesta, en la ciudad hasta el 5 de febrero (se puede visitar de lunes a domingo y en Afundación recomiendan reservar la entrada, que cuesta 8 euros, para mejorar la calidad de la visita), que incluye piezas desarrolladas por el área de computación de Sony, la de arte y cultura de Google, la NASA, el MIT o empresas como Denso Corporation, que expone su brazo robótico. Los visitantes pueden interactuar con las instalaciones, desde un personaje sintético que simula los movimientos de cada persona, un videojuego que pronostica cómo trabajaremos en el 2065, un poema colectivo o un simulador de conducción con análisis facial.

El ADN de Massive Attack

Los datos son el dorado del nuestro tiempo. Su codificación en ADN multiplica las posibilidades de almacenaje y distribución. Una oportunidad que gustó al grupo musical Massive Attack. Dos botes aparentemente normales de espray son otra de las piezas de la muestra. Dentro de cada uno viajan un millón de copias de uno de sus álbumes. Gracias a la fusión de la IA con otras ciencias también podemos saber cómo olían las flores de un árbol extinguido en Hawái hace cien años.

Lo más innovador, como una colmena artificial, el humanoide NAO, el perrito Aibo o robots que cambian en función de la temperatura o una canción conviven en este espacio con piezas históricas. Desde una de las siete réplicas de Enigma a la máquina que desarrolló Alan Turing para desvelar los mensajes encriptados de los nazis, la Bombe que se empleó para la película Descifrando Enigma, protagonizada por Benedict Cumberbatch.

Hay objetos todavía más vetustos, desde homúnculos al primer ordenador a vapor que ayudó a terminar en 1843 Ada Lovelace. El Altair 8880, el primer microordenador de éxito comercial en cuya creación participó en 1974 un joven Bill Gates, o las placas del Deep Blue que ganó la partida a Kasparov son otros de los tesoros que conviven en esta muestra con los últimos hitos en IA.

Como niños

En resumen, un viaje apto para los escépticos y para los apasionados que no rehúye el debate sobre lo ético y lo que es o no natural. Freud identificó el malestar que sienten los humanos al interactuar con objetos similares a nosotros como «lo siniestro». Personajes como Frankenstein o Doraemon forman hoy parte de nuestra cultura. El británico Luke Kemp prefiere quedarse con esta visión: «Entrenar a un robot es como educar a un niño. Crecemos y colaboramos juntos. No competimos».