Cuando el patrimonio pierde su sitio

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

VEN A GALICIA

Un puente sin río ejemplifica la descontextualización que a veces se produce de elementos artísticos e históricos

27 sep 2022 . Actualizado a las 00:22 h.

El transcurrir del tiempo no solo deteriora el patrimonio, en ocasiones también cambia sus circunstancias originales y lo sitúa, ya carente del sentido original, en otro espacio diferente. Esas modificaciones producen una incertidumbre no siempre explicada, pero realmente se llevan produciendo desde hace siglos. Por ejemplo, en Galicia no son pocas las casas antiguas que, cuando se construyeron hace ya siglos, reutilizaron las grandes piedras de los dólmenes. En esos casos, el patrimonio cambia de forma, pero hay muchos otros en los que el cambio de un elemento artístico o histórico de su lugar original hace que pierda todo su sentido.

Un recorrido por el área de Vigo muestra importantes elementos patrimoniales a los que se les cambió de contexto original sin que seamos capaces, en muchas ocasiones, de explicar por qué.

En la propia ciudad, hace pocas décadas se cambió de lugar un puente medieval. Ahora ya no sirve para cruzar un río y solo pervive en un sentido estético, como si estuviese en un museo. Es el puente de Balaídos. Ese mismo sinsentido, aunque llevado al paroxismo de la descontextualización, ocurre con el pesquero Bernardo Alfageme, ahora fondeado en la gran rotonda de la avenida de Castelao. Así que tenemos un puente sin río, un pesquero sin mar y, para redondear el absurdo, una estación de ferrocarril sin trenes, sin salida y sin personas, que ha sido reducida a una fachada adosada a un muro. Para más inri, el edificio de la antigua estación está catalogado como bien de interés cultural, lo que invita a pensar para qué sirve esta figura.

Pero no siempre es conocido el motivo del cambio ni tampoco el momento en el que se efectuó, y, como ocurre en la primera travesía de la calle Cordoeira, en Coia, podemos pasear inadvertidamente y encontrarnos una estela romana incrustada en el muro de una casa. Alguien, en algún momento del pasado, reutilizó lo que consideraba una piedra con ciertos adornos para levantar un muro de una vivienda. Y ahí sigue.

Hay incluso cambios que nos trasladan a otras demarcaciones administrativas, como es el caso de una tapa de alcantarilla perteneciente al extinto Concello de Lavadores que se puede ver en las inmediaciones del Museo do Mar. Ojo, que no es que esté expuesta la pieza, sino que cumple su original función, aunque en otro lugar. Algo similar ocurre con la simbología derivada de la existencia de La Caja de Ahorros Municipal de Vigo. Hay varios puntos de la ciudad donde se pueden ver, por ejemplo, las primitivas huchas que servían de logotipo a la desaparecida caja. Ocurre este ejemplo de anacronismo en una vivienda de Sanjurjo Badía situada frente a la bajada al mercado de Teis, donde hace muchas décadas existió una sucursal de La Caja.

En la puerta del lateral sur de la iglesia románica de Bembrive encontramos otra piedra fuera de su lugar original. Señalan algunos expertos que esta pieza puede ser parte del dintel de la puerta original que, por algún motivo, fue cambiada a lo largo del tiempo. Representa un oso entre líneas entrecruzadas. Algo similar a esto pasa en el interior de la rectoral de O Hío, en Cangas, donde en la fachada interior de la casa se pueden ver dos piezas pétreas incrustadas en la pared que nada tiene que ver con el resto del edificio. Para redondear la imagen, a sus pies se sitúa un sarcófago medieval ya reducido a un elemento estético. Los sarcófagos, a los que ya les dedicamos en su día un reportaje, dan mucho de sí en este aspecto. Por ejemplo, en el área recreativa de la ermita de Sobreiras da Madalena, en O Rosal, se puede ver cómo fueron reutilizados en forma de asador. También se han convertido en bancos dos sarcófagos situados en el bosque encantado de Aldán, o el que fue convertido en un pilón en la rectoral de San Martiño de Moaña.

Descubrimiento

Hace unos años, una vecina del Arrabal, en Santa María de Oia, descubrió en el dintel de un alpendre una lápida de un abad del monasterio de Oia. El historiador Fernando Javier Costas Goberna fue quien la identificó como lápida sepulcral del siglo XIII. La donación realizada por los propietarios del alpendre permitió que hace dos años la pieza se trasladase el propio monasterio. No está en su sitio, pero sí dentro del edificio donde se instaló originalmente.

De época medieval también son varios arcos románicos que se exponen en el jardín del antiguo hotel de Mondariz-Balneario. Señalan los expertos que pertenecieron a un monasterio situado en la parroquia de Casteláns, en Covelo, pero que hoy están totalmente descontextualizados y solo sirven de adorno.

Esta misma idea guio a los responsables del puerto de Vigo hace años cuando decidieron dejar en los jardines de Montero Ríos restos del antiguo edificio de la Junta del Puerto. Hoy, sin señalización alguna que dé cuenta de sus orígenes, se han convertido en un elemento decorativo más.

En los años noventa, un movimiento popular facilitó la recuperación de las ruinas de la capilla del hospital de Cangas, datadas a comienzos del siglo XVIII. Estaban en muy mal estado en la calle de Eugenio Sequeiros, y fueron restauradas y trasladadas a los jardines de O Sinal, donde hoy sirven de sala de exposiciones. Para finalizar estos ejemplos de patrimonio cambiado, acudimos a la entrada de la concatedral de Vigo, donde se expone una copia del tímpano del siglo XV que presidió la entrada de la antigua colegiata.