Peregrinas legendarias de la ruta

Loreto Silvoso
Loreto Silvoso

VEN A GALICIA

Ximena Garcés es la primera cuyo nombre quedó documentado (izquierda). Representación de Margery Kempe en el documental «Peregrinas» (derecha).
Ximena Garcés es la primera cuyo nombre quedó documentado (izquierda). Representación de Margery Kempe en el documental «Peregrinas» (derecha).

La primera que conocemos es Ximena Garcés, que realizó dos veces el Camino

22 nov 2022 . Actualizado a las 14:57 h.

La huella que las mujeres han ido dejando a lo largo de la historia del Camino de Santiago es profunda y alargada. Empieza con Ximena Garcés, la primera peregrina de la que se tiene constancia. Mujer de Alfonso III El Magno, peregrinó a Santiago en dos ocasiones acompañando a su marido. 

La segunda fue en el año 899, para asistir a la consagración de la basílica (aún no catedral) que su esposo ordenó construir para proteger la tumba del Apóstol. Ximena inició una larga tradición de reinas y princesas de los reinos astur y leonés a la hora de peregrinar solas o en compañía de sus maridos para venerar al Apóstol Santiago y rezar en su sepulcro. Ellas abrieron el camino para todas las que vinieron después e hicieron ricas donaciones por su mayor fervor religioso. 

Fundadoras de hospitales

Las mujeres se preocupaban más por las penosas condiciones de todos los que peregrinaban a Santiago. De hecho, la primera construcción que se edificó para acoger a los romeros compostelanos, el Hospital da Condesa, tiene nombre de mujer. Y hubo muchas más fundaciones de albergues y hospitales de peregrinos, así como de caminos y puentes. La aportación femenina en este apartado fue relevante: Puente la Reina, Hospital de San Zoilo en Carrión, San Feliz en Astorga y muchos más fueron fruto de piadosas donaciones femeninas.

A todas ellas, su Camino tuvo que costarles mucho más que a los demás. «Sabemos que las mujeres utilizaban cabalgaduras como las mulas y su viaje tuvo que haber sido muy pesado y muy largo», argumenta la historiadora Marta González. Y José Antonio Vázquez Taín, autor del documental Peregrinas, lo corrobora; «Unha muller non podía montar como unha amazona, senón que debía facelo de lado, o que cansaba máis as lumbares polo esforzo constante para non caer»

Fuera por devoción religiosa o para liberarse de sus esposos durante un tiempo, no solo eran reinas y mujeres nobles las que pisaban el Camino de Santiago por aquella época. También había peregrinas que eran burguesas anónimas, hidalgas, campesinas y mujeres humildes.

Por entonces, ellas tenían otros muchos factores en contra como la imposibilidad de entrar en los templos durante la menstruación o la obligación de contar con un permiso por parte de la autoridad religiosa o del jefe familiar, necesario para poder abandonar su hogar durante los años que podía llegar a durar la peregrinación a Santiago de Compostela. «Todos estos datos se conocen porque, antes de salir, hacían testamento», explica el juez Vázquez Taín. Mujeres como Ximena Garcés, Bona de Pisa (la primera en organizar rutas de convento en convento) o Margery Kempe (que peregrinaba sola) eran unas valientes.