Sara Escudero, actriz y escritora: «El Camino conserva una magia que engancha el alma»

Alfredo López Penide
López Penide PONTEVEDRA / LA VOZ

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Actriz y humorista, recoge en su cuarto libro su bautismo en el Camino: «Desde entonces he hecho seis», remarca

12 nov 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Actriz, humorista y presentadora, Sara Escudero, tras En ocasiones veo frikis, Clericó y No estás a la altura, recorre, acompañada por su perra Nala, «su compañera de vida durante casi catorce años», en palabras de la editorial Fun Readers, la Ruta Xacobea en su cuarta incursión literaria, El CaNino de Santiago.

—¿Cómo surgió la idea de escribir este libro?

—Desde ese primer camino con Nala. Conseguir hacerlo después de llevar nueve años intentándolo —siempre se nos truncaba por trabajo, por bolos— y verla/nos así de felices... lo sentí en una parada de la primera etapa y ahí supe el título. Estaba hablando con mi chico, solo encendía el móvil en las paradas de café y sello, y le dije «tengo que contar esta experiencia a vista de Nala porque si yo lo estoy gozando... ¡ella sé que más!». Y el título es el juego obvio de palabras Camino-CaNino. Con la ene mayúscula por Nala, claro.

—El perro es el mejor amigo del ser humano, pero cómo es como compañero de viaje.

—Es que para mí son los mejores compañeros de vida, que es el viaje... Así que en un Camino de Santiago o en cualquier otro viaje: son lo mejor. Además es que Nala fue mi suerte, siempre será mi alma gemela de cuatro patas, aunque no mucha gente lo llegue a comprender pero... Fusión de almas, al margen de las especies que seamos.

—¿Había recorrido antes el Camino de Santiago?

—No, como te comentaba al principio, y como cuento en El CaNino, este fue el primero. Desde entonces he hecho seis y, si nada lo trunca, en el 2023 haré mi séptimo.

—¿Y lo que más le sorprendió?

—A nivel emocional, que pude ser dueña de mi tiempo durante esos ocho días. Que no estaba a expensas de que mi agenda cambiara de unas horas para otras en función del trabajo. Y a nivel experiencia, es que, más que sorprender, el verbo es enamorar. Me enamoró todo. Galicia ya era (y es) una de mis zonas favoritas pero el Camino conserva una magia, una esencia básica tan increíblemente fuerte que engancha el alma.

—El libro es un canto de amor, pero no exento de humor, de mucho humor.

—El CaNino de Santiago es amor y humor, como yo entiendo que es la vida. De hecho se retroalimentan: si no vives con amor —en general, no el romántico solo, el de querer ser feliz y alegrarte por la felicidad del mundo—, pues es que es imposible que tengas buen humor. Y el Camino es una metáfora de la vida y ello implica vivir amor y vivir en y con humor. Por eso El CaNino lo es también, es un canto a la vida con ellos, con los que para mí son las almas más puras del planeta y un canto al Camino de Santiago como fuente extraordinaria de reconciliación con la esencia humana, con la buena, con la sana, con la bonita. El Camino, como la vida, está para vivirlo, cada paso, cada día, queriendo avanzar, claro, porque tú quieres llegar a ese Obradoiro, pero sabes que cuando llegues... ese camino se termina. Así que el objetivo es cada paso de esa ruta.

—¿Es más complicado plasmar el humor en un texto o sobre un escenario?

—¡Siempre por escrito! Si ya lo es en un escenario —el humor es muy subjetivo, depende de mil factores entre el que lo hace y el que lo recibe...— por escrito aún más, porque dependerá de cómo te lean, de cómo sepas transmitir tu humor con las palabras precisas para que, le pille como le pille al lector, le llegue el tono... Pero claro, no lleva tus vocecitas, tus caritas... así que siempre es más complejo.

—No podemos dejar de comentar las ilustraciones de Pedro Fernández.

—¡Ay, mi Pedro! Es un genio y además es amigo. Conoció a Nala y conoce nuestra fusión, así que la libertad era toda. Decidimos entre la editorial y yo qué imagen queríamos, qué veíamos en cada capítulo y él lo plasmó con ese realismo mágico que consigue.

—Ya por último, ¿qué otros proyectos tiene?

—Como monologuista giro desde hace años, cada semana, por teatros de todo el país, pero este octubre he empezado a hacer temporada en Madrid todos los domingos en la Sala De Humor Fuencarral. Me dedico a presentar/hacer de maestra de ceremonias de eventos corporativos y de empresa también todo el año y sigo los domingos en Por Fin No Es Lunes, de Onda Cero. En febrero se estrena un cortometraje, Actos por partes, de Sergio Milán, que dará mucho que hablar, estoy convencida. Es un canto a la vida cuando esta te da un revés y supondrá un punto de agarre para toda la gente que padece algún tipo de cáncer. Es un corto que son tres historias que confluyen en una y la historia a la que yo doy vida, Sacando pecho, ha sido elegida por Atresmedia Cine y Notodofilmfest como cortometraje embajador del proyecto Llámalo cáncer, que persigue lo que te decía, dar apoyo y visibilidad a esta realidad.

—¿Si tuviera que quedarse a vivir en alguna de las localidades por donde atraviesa la Ruta Xacobea, por cuál se decantaría?

—¡Uy! ¡Qué difícil! ¡El camino atraviesa zonas tan bonitas que cuesta! Pero creo que si pudiera, me quedaría una temporada en O Cebreiro. ¡¡Es de cuento!!

—¿Y algo que le desagradó o molestó?

—Bueno, pues nada intrínseco al camino en sí, sino al ser humano. Hay gente desagradable en todos los rincones del mundo. Gente que, a pesar de vivir cara al público, parece que te perdone la vida porque le pidas un café o que le pidas si puedes cargar un ratito el móvil y te diga que está utilizando ella el enchufe (risas). ¡Cosas que a mi me cortocircuitan la cabeza! Pero, como digo, no es que sean del camino, es que es de esos seres humanos que no viven con amor la vida.