El local de Vigo donde tomaba los vinos Pablo Milanés

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIGO / LA VOZ

VEN A GALICIA

Oscar Vázquez

La música persigue la historia de Tapas Areal, un clásico vigués del tapeo que cumple 30 años en el barrio de Casablanca y que se inauguró el mismo día en que el grupo Dire Straits actuó en el estadio de Balaídos

26 nov 2022 . Actualizado a las 00:31 h.

El mismo día en que se inauguraba en Vigo el bar Tapas Areal, Mark Knopfler entraba con toda la artillería en el estadio de Balaídos para ofrecer uno de los conciertos de la gira que en aquel momento llevaba a Dire Straits por el mundo. «Pensábamos que por ese motivo no iba a venir nadie, pero no acertamos. Fue un mogollón increíble, no dábamos abasto», reconoce Armindo Areal, que no llevaba cinta en el pelo como el guitarrista, pero sudó también la gota gorda sacando adelante su versión gastronómica del Brothers in arms.

Y es que fue su hermano gemelo, Javier, el que inició este proyecto de hostelería en el barrio de Casablanca, en una zona especialmente transitada, al hallarse a escasos metros de El Corte Inglés.

Volvía de una etapa en la hostelería madrileña y apostó por lo que sabía que funcionaba siempre, el tapeo clásico, con buen producto y platos que nunca pasan de moda: pulpo, tortilla, calamares, setas a la plancha, ensaladilla, revueltos, brochetas... Entre las especialidades que más gustan, destaca el revuelto de erizo y tetilla o las empanadas (de rape y jamón, zamburiñas, buey de mar, etcétera), que como todo lo que llega a las mesas del establecimiento, es de elaboración propia, tanto lo salado como los dulces de postre. Y con especial atención, cada vez más, a la carta de vinos, de la que se ocupa su compañero Tino, especialista en la materia y atento a las novedades.

Bastantes años más tarde de aquella apertura al ritmo de Sultans of swing, el trovador cubano Pablo Milanés era uno más entre los muchos clientes de Tapas Areal, local que, sin comerlo ni beberlo (dicho que en este caso no es muy acertado, porque allí se come y se bebe muy bien), tiene vínculos invisibles con más estrellas de la música, como Franco Battiato, que en su parada en Vigo, en el 2015, también fue cliente de los Areal, en este caso, en su vertiente verde, que era el tipo de alimentación que prefería el siciliano. Del autor de Yolanda, Armindo explica que no habían reparado en él hasta que un cliente se percató de su discreta y querida presencia.

Los Areal no se han movido de esa manzana desde que en 1987 iniciaron su primer bar, que se llamaba igual, pero estaba en otra calle cercana (Paraguay) y era una pequeña tasca que debido al éxito, pedía crecer, y creció y además, tuvo un par de hermanos. Uno, vegetariano, llamado Cúrcuma, y otro, de inspiración italiana, Matilde, que falleció joven, pero renació como Vakaburra en el mismo lugar y una oferta más cercana a Galicia y guiños internacionales.

Desde que tenían 17 años, los gemelos se ganaron la vida en el sector. «Empezó nuestro hermano mayor, Manuel, que nos lleva tres años. Se fue a Estados Unidos empleado en restaurantes de cruceros. Nosotros aún estábamos estudiando pero ya pensando en seguirle. En cuanto nos consiguió contratos de trabajo, allá fuimos. Y no salimos antes del país porque estábamos pillados por el servicio militar», recuerda Armindo, que entonces trabajaba en las cafeterías El Caballo Rojo de la calle Venezuela, que ya no tienen el mismo dueño.

Como antecedente familiar de esta pasión por el sector, apunta a la tienda que sus padres tenían en su pueblo natal, Mouriscados (Mondariz), en la que su madre hacía comidas para gente que trabajaba por allí cerca, cortando madera.

Javier arrastró a Armindo y Manuel hasta el Tapas Areal, donde coincidieron los tres, aunque ahora ya solo están los gemelos y su paisano Manuel Vázquez, que ha estado con ellos en varias de sus empresas. Aunque el espacio natural de Armindo es el restaurante vegetariano Cúrcuma, a unos metros del otro, el gemelo más dicharachero se mueve entre ambos locales como un comodín que, en un momento dado, se arremanga para lo que haga falta.

Después de tantos años, la clientela ya tiene claro quién es quien a pesar de ser dos gotas de agua, porque tienen un carácter muy diferente. «A mi hermano Javier le gusta más estar en la cocina. No por timidez, sino porque es donde más disfruta», explica su gemelo, que reconoce que él sí disfruta del contacto con la gente. Aún les quedan unos cuantos años al frente de las mesas y los fogones, pero Armindo suspira por volver a Estados Unidos, ahora ya con la familia, no a trabajar, y recordar aquellos cruceros fluviales en los que vivieron unas cuantas aventuras, como uno por el Amazonas en el que se quedaron clavados en el lodo en Manaos y tuvieron que remolcar el barco para poder moverse.

Dónde está: Calle México, 36. Vigo