Regreso a las ruinas, ahora con la torre excavada, del castillo de Mesía

Cristóbal Ramírez SANTIAGO / LA VOZ

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CRISTÓBAL RAMÍREZ

El atractivo otoñal de un entorno histórico y natural al que hay que volver

29 nov 2022 . Actualizado a las 23:50 h.

Hay sitios a los que no apetece volver y otros de los que uno queda enamorado. Y cada persona tiene sus razones para una cosa o la otra. De manera que recomendar la vuelta a Mesía puede suscitar consenso o no, pero no regresar impide contemplar unos paisajes donde manda un verde fortísimo y de numerosas tonalidades, a lo que hay que sumar los colores ocres de los árboles. No de los eucaliptos, claro, que los hay a miles en ese municipio, uno de los que marca el límite geográfico entre las tierras altas compostelanas y las bajas que acaban rodeando el golfo Ártabro coruñés y ferrolano.

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Así que carretera a Xanceda rumbo a As Travesas (que queda a 17 kilómetros) y Mesón do Vento, buen firme que cambia cuando se coge un desvío a la diestra, señalizado. Y cambia porque esa es una pista muy estrecha y muy recta, que desciende y lleva a A Pobra. Eso sí, aquí y allá carteles con una demanda popular: no a los macromolinos eólicos que acabarían destruyendo ese paisaje. Los vecinos huchean, pero lo dudoso por ahora es que les hagan caso.

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Todo está igual que en el verano pasado. El pequeño templo se alegraría si recibiese algunos cuidados más tanto en el edificio en sí como en su entorno inmediato. Presenta una sola nave, con muros de mampostería, con puerta adintelada y sobre ella la piedra armera de los Fonseca. También está A Taberna da Pobra, con una mujer muy agradable al frente y que sirve comidas. Y, claro, permanece en pie el castillo en esplendorosas ruinas y que fue excavado en el verano pasado, «pero só dez días e ademais algún choveu», informa esa mujer. La vegetación no impide el ascenso al interior del castillo. Y al entrar, a la izquierda, el sendero conduce a la zona en la que se trabajó en verano, en la torre de homenaje ahora convertida en un mirador excepcional.

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Siguiendo la pista sin desvío alguno vuelve a cruzarse el Samo, que ha descrito un enorme arco, y en consiguiente ascenso el excursionista encuentra la capilla de Nosa Señora de Arxán (de la Merced, en los mapas), un lugar entrañable donde solo desentona un cercano ejemplo de feísmo con ladrillo a la vista y hórreo que se merecía una mejor suerte.

Pero la capilla, sencilla, es un pequeño tesoro. No porque su construcción vaya a asombrar, sino porque el entorno ha sido ejemplarmente cuidado, con una zona de descanso y una placa (que necesita una limpieza) en la que se recoge el testimonio del párroco Gregorio Pelagio Vázquez Cabanas. Pone la piel de gallina, porque describe en el libro de defunciones de la cercana iglesia de San Cristovo, 1809, cómo dio cristiana sepultura a los vecinos fusilados por las tropas de Napoleón.

A la vuelta a casa queda a la izquierda el desvío señalizado al área recreativa de A Mata, que en realidad está allí mismo, al lado de la piscina municipal. No para ahora, claro, con la lluvia y el más o menos tiempo frío, pero hay que anotar para primavera que es un lugar acogedor y muy amplio, idóneo sobre todo si se ha viajado en coche y con niños: polideportiva, dos pistas de tenis, parque infantil, bancos y mesas (algunos a cubierto), gran extensión donde pueden correr a su gusto… No es mal lugar para finalizar la jornada.