Las torres que vigilaban la laguna de Antela

Miguel Ascón Belver
Miguel Ascón OURENSE / LA VOZ

VEN A GALICIA

Torres da Limia.
Torres da Limia. ALEJANDRO CAMBA

Las edificaciones, todo un símbolo de A Limia, eran grandes castillos, según los expertos

27 nov 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Aunque ahora solo quedan tres, en el pasado eran cuatro las torres que vigilaban la llanura de A Limia. Hoy en día la comarca vive pacíficamente, pero hace siglos era objeto de deseo y de disputa por su carácter estratégico. Por ese motivo, precisamente, se levantaron esas torres, aunque actualmente se sabe que eran construcciones mucho más complejas. De hecho, ahora se les llama castillos porque es lo que eran, pese a que hoy en día solo se conserven esas fortificaciones en forma de torreón.

Estado de conservación

El que se encuentra en mejor estado es la de A Forxa, en el municipio de Porqueira. Allí hay incluso un pequeño museo etnográfico. El de A Pena, en Xinzo de Limia, aspira a recuperar su esplendor y acaba de ser objeto de una intervención que sirvió para recuperar la muralla exterior de la torre. Esos trabajos, dirigidos por Israel Picón, sirvieron también para sacar a la luz construcciones que confirman que en el pasado era un castillo «de gran entidade». Tras la intervención, el yacimiento ha quedado habilitado para las visitas.

Finalmente, en la torre de Sandiás también se ejecutaron recientemente tareas de consolidación para evitar que sus muros, que ya estaban en muy mal estado, terminen de desmoronarse. Hay que recordar, en este sentido, que la de Celme, en el municipio de Rairiz de Veiga, desapareció casi por completo y solo queda a la vista un cubo de sillería de granito.

Patrimonio civil

La protección de las torres (o castillos) de la comarca es una misión fundamental del Museo da Limia. Con sede en Vilar de Santos, «non as podemos meter dentro das nosas paredes, pero consideramos que forman parte do noso inventario polo seu carácter simbólico», explica el presidente de su patronato, Delfín Caseiro Nogueiras, que añade que «pasaron demasiado tempo sen atención e agora hai tantas carencias e tanto que recuperar, que non chegan os fondos». Subraya, en cualquier caso, la importancia de estas edificaciones porque, al contrario de lo que ocurre con el patrimonio religioso, el civil suele malograrse y las torres de A Limia constituyen uno de los pocos vestigios de este tipo que resiste.

Son, por lo tanto, un recurso patrimonial clave desde el punto de vista turístico para la comarca. En el pasado, esas construcciones rodeaban la laguna de Antela, que también podría ser un reclamo para atraer visitantes a la zona, pero que fue desecada en los años sesenta por el régimen de Francisco Franco.

Ahora lo que se divisa desde allí son los cultivos de patata y cereal que llenan las tierras de A Limia, aunque se conservan zonas de gran riqueza natural, con recursos de interés para la observación de aves o el senderismo. La ruta por la zona se puede completar con una visita al monasterio de Trandeiras, que está siendo objeto de un ambicioso proyecto de rehabilitación, o con un paseo por el casco viejo de Xinzo, el histórico Barrio de Abaixo, con la riqueza patrimonial de su imponente iglesia, pero también con la oferta gastronómica de sus bares y restaurantes.

Vínculo emocional

En cualquier caso, las torres tienen un poder de atracción especial. Y los vecinos de A Limia tienen un vínculo emocional muy intenso con estas construcciones. «Como o territorio ten a configuración que ten, en forma de chaira, as torres están sempre aí. Son elementos simbólicos que se ven desde moita distancia e, cando un chega á Limia, é unha das visións máis características», resume el presidente del patronato del Museo, que remarca que estas construcciones «son testemuñas do noso pasado».