Robustiano Losada, el rianxeiro que montó un museo en su casa

Carlos Portolés
Carlos Portolés RIBEIRA / LA VOZ

VEN A GALICIA

CARMELA QUEIJEIRO

Exhibe sus propias esculturas, hechas con materiales como metal, madera o fibra de vidrio

29 nov 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

En Barbanza hay, dicho con campechanía, un buen puñado de museos. Todos tienen algo interesante que ofrecer. Desde barcos añejos y ajados por el paso de la historia hasta fotografías descoloridas que son testimonios insuperables del ayer. Pero, de entre todas las salas de la comarca que engalanan sus paredes con notables muestras de expresión artística, hay una que hace de la sinceridad desnuda su virtud mayor.

Para los rianxeiros oriundos, la obra escultórica de Robustiano Losada —alias Nuco—, es de sobra conocida. Pero, como el cuerpo de su creación está en continua metamorfosis, es de justicia hacer un repaso periódico por el singular museo de Nós Nuco. No solo por lo que ofrece, sino por cómo lo ofrece. Además de un paseo por la mente de uno de los escultores barbanzanos más inspirados, el visitante se llevará consigo el recuerdo de una experiencia inmersiva, pues es el propio Losada el que hace las funciones de guía —lo cual no es nada extraño, pues el museo está en la planta baja de su propia casa—.

Esta informalidad que confiere el clima hogareño, permite una cercanía con los curiosos que, en otro contexto más museístico, sería imposible. Las puertas están (casi) siempre abiertas y la entrada es libre. «Al ser mi casa, el horario es flexible. No cobro nada por la visita. Si alguien quiere dejar una donación porque le gustó lo que vio puede hacerlo, pero no hay obligación ninguna», explica el artista.

El propio Robustiano admite que lo de montar un museo en su vivienda fue algo casi accidental. ¿Y cómo se monta un museo sin querer?, se preguntarán algunos. Pues, en palabras suyas: «juntando piezas». Se dedicó durante muchos años a la carpintería naval. De hecho, declara haber participado en la construcción de «casi todos los barcos pequeños de Rianxo».

Como un artista es, a fin de cuentas, un artesano con inspiración y aspiración, el salto en la carrera de Losada no fue tan raro. Simplemente redirigió su maña y entendimiento de los materiales hacia derroteros más abstractos. Hoy, presume orgulloso de haber firmado «Más de 700 obras».

No obstante, no caben todas en su museo chiquito pero fornido. Por eso, cada cierto tiempo va cambiando las piezas expuestas. Incluso aquellos que ya hayan acudido hace algún tiempo, pueden estar seguros de que encontrarán objetos y formas nuevas. «A la vista suelo tener unas 200 esculturas, y eso que están muy juntas».

La parte del itinerario que más suele gustar, cree el artista, es la del principio. Sobre todo los trabajos de hierro y piedra. Nada más entrar, dan la bienvenida siluetas inertes que representan a varios gallegos ilustres. Entre ellos está, por descontado, el rostro del paisano Castelao. Sin embargo, las inquietudes de Losada se han posado últimamente en otra disciplina. Lleva un tiempo cultivando y contorsionando la fibra de vidrio.

Algo nuevo y más gallego

No es el interés comercial lo que mueve a Nuco. Nunca lo fue. De hecho, admite que no gana prácticamente nada de dinero con el museo, pero que se siente pagado con creces cuando la gente le muestra su cariño o admiración. «Creo que todos salen bastante empapados de mi obra. Lo explico todo personalmente, desde las piezas de humor a las de tragedia. Muchos entienden perfectamente lo que intento transmitir y muestran mucho interés», narra.

Por esta pequeña joya rianxeira han pasado ya más de 6.000 personas desde su inauguración en 2009. Incluidos profesores con alumnos. «Aquí habré tenido a casi 1.000 chiquillos de colegios de la zona. A veces dudaba de si mi trabajo le iba a poder interesar a un niño de seis años, pero cuando se lo explicas les acaba encantando a todos», señala un orgulloso Losada.

Tan involucrado está con cada una de sus creaciones que le es imposible elegir esta sobre aquella. «Son todas como mis hijas», dice. Lo que sí que sabe es que sus propuestas no conocen la indiferencia. Todos los que se adentran en la exposición salen con fuertes opiniones forjadas. «Algunos han llegado incluso a llorar», asegura. Y es que, como él dice «de mi museo te vas habiendo visto algo nuevo y sintiéndote más gallego».