Desde las 9.00 horas, kilos y kilos de callos empezaban a cocer en la parroquia estradense de Matalobos para saciar el hambre de más de 460 comensales, a lo que se sumaron muchos vecinos que se llevaron raciones para casa. A eso de las 13.00 horas ya estaba lista la primera pota. Desde la organización Lucía Seoane comenta que «os camareiros pasaron a catro e cinco veces con callos». El día frío ayudó a que los callos apetecieran especialmente.
Los comensales repitieron a placer y al plato se sumó un generoso trozo de bica de postre y varios cafés. Tras la comida, la música animó a moverse y bajar la comida a golpe de baile. La última cazuela que sobró de callos fue repartida y vendida en raciones a cinco euros para llevar para casa y que no se desperdiciara nada. La celebración fue todo un éxito.