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Sorpresa a un paso de la Catedral

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El sendero del río Sarela, entre Ponte Romaño y Lermo, es uno de los tramos menos concurridos de las rutas fluviales de Santiago, pese a que discurre por un espacio natural de gran belleza y tranquilidad

26 jun 2023 . Actualizado a las 16:40 h.

El Sarela, también conocido como el río dos Sapos, nace en la falda del monte Pedroso, en la parroquia compostelana de A Peregrina, y discurre a lo largo de diez kilómetros bordeando la ciudad por el oeste para finalmente desembocar en el Sar, en el lugar de A Ponte Vella. En buena parte de su recorrido se acondicionó hace unos años un sendero fluvial, que permite pasear sin perder de vista al Sarela y descubrir parajes naturales a solo un pequeño paseo de la Catedral. La parte más conocida y transitada, y también la mejor conservada, es el tramo urbano del río, entre Santa Isabel y Carme de Abaixo, mientras que el resto queda para quienes prefieren gozar de un espacio natural.

Uno de los tramos menos concurridos es el de los poco más de dos kilómetros que separan Lermo y Ponte Romaño, en la salida de la ciudad hacia Val do Dubra. Aunque la señalización del sendero en este tramo rural es antigua y necesita un buen repaso, los caminantes no se perderán si se mantienen atentos al cauce del río. Junto al molino de Lermo, al que se accede en coche desde Vista Alegre por el camino de Lermo, sale una pista, empedrada en un pequeño trecho para continuar después sobre tierra. El sendero discurre junto al cauce, de modo que el río puede verse correr cristalino en buena parte del camino, y oculto en otras zonas por la vegetación propia de la ribera. Las intensas lluvias de esta primavera causaron estragos en el sendero, por lo que estos días se ven varios tramos embarrados que, sin embargo, no lo hacen intransitable. Aun así, hasta que el verano seque el trazado, conviene emplear calzado adecuado. Pese a no ser una zona muy transitada, sí es frecuente encontrar a personas paseando a sus perros.

PACO RODRÍGUEZ

La primera parada de este pequeño tramo está en Casal da Horta, donde será necesario cruzar una pista asfaltada antes de recuperar nuevamente el sendero natural, en el que abundan los laureles y donde es posible recoger todas y cada una de las hierbas de San Xoán. Casi sin darnos cuenta, estaremos ante el puente más llamativo del recorrido, A Ponte dos Tres Ollos, en Pontepedriña de Arriba, donde se localiza una antigua curtidoría que fue rehabilitada con mimo para acoger la sede de la Fundación Laboral de la Construcción. Ese paso es una construcción medieval que ahora está cubierta parcialmente de maleza, por lo que no es posible contemplarlo en su esplendor. Aquí el paseante deberá estar atento para no confundir el sendero fluvial con la ruta que discurre por el monte Pedroso. El mejor consejo es no perder de vista al río y seguir por un puente de madera junto a la fundación.

En este último tramo, hasta Ponte Romaño, el sendero se vuelve más verde aún y el terreno está más encharcado. Muy cerca de la fundación, un molino con el techo a punto de caer conserva en perfecto estado la piedra de moler. A lo largo del sendero, los puentes de madera y las piedras se vuelven estos días resbaladizos, pero vale la pena el riesgo para disfrutar un paraje que forma parte la ciudad pero que es poco conocido, incluso para muchos compostelanos.