Isabel Sánchez, creadora de un modelo de turismo generativo: «Si solo te centras en atraer visitantes, conviertes a los pueblos en parques temáticos»
VEN A GALICIA · Exclusivo suscriptores
Diseñó un plan para San Xoán de Río en el que la longevidad se transforma en un recurso de dinamización social y económica
10 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Isabel Sánchez Tejado (Ávila, 1956) asegura que volver a establecerse en la sierra de Gredos después de pasar la mayor parte de su vida en Madrid fue la mejor decisión de su vida. Lo hizo en el 2010 y aquí comenzó a perfilar una idea de desarrollo rural basado en el turismo que la llevó a crear su propio método y aplicarlo a clientes que la han llamado desde distintas partes de España y también de Portugal. Entre ellos, está el municipio ourensano de San Xoán de Río, donde este verano se celebró el primer festival de la longevidad.
—¿Por qué decidió volver al rural?
—En el 2010 se me ocurrió emprender y no salió bien. Volví al pueblo a refugiarme y fue una suerte. A partir de ahí comencé a decidir mi futuro y lo primero que elegí fue quedarme. Realmente sentía que era mi sitio, donde era más yo y estaba más a gusto.
—¿Cómo se le ocurrió el método del turismo generativo?
—Empecé como voluntaria en una asociación que había nacido en mi tierra, en Gredos, para promocionar la zona, pero que se estaban planteando tirar la toalla. Yo había trabajado en IBM, en PriceWaterhouse y en Meta4, en departamentos comerciales y de comunicación. Sabía de ventas, de gestión de equipos y de motivación, así que me planteé entender el recurso turístico con esa visión. Esa comarca tiene medio centenar de pueblecitos muy pequeños pero hay patrimonio, tradiciones como la trashumancia, gastronomía y una riqueza paisajística tremenda. Estábamos de acuerdo en que tenía que ser un destino de turismo sostenible. No queríamos atraer gente a lo loco. Hicimos grupos de trabajo, cada uno con su coordinador y sus objetivos a cumplir en determinadas fechas. En definitiva, aplicamos métodos empresariales. Aquello salió bien y tuve la suerte de que fue muy visible. Me llamaron del lago Alqueva, en Portugal; de las hoces del Duratón, en Segovia; de Extremadura... Fue cuando decidí crear la empresa.
—¿Su método sirve para cualquier caso?
—En realidad hasta el parón del covid no se me ocurrió pensar en que realmente yo estaba aplicando una filosofía y una forma de trabajar que siempre seguía los mismos pasos. Ahí le puse nombre al modelo. El sistema tiene unas características concretas, que se repiten, pero se adapta. El primer pilar es mantener siempre criterios de sostenibilidad, pero no solo entendida ambientalmente. Para que algo sea sostenible hay que dotarlo de dinero y de personas, porque sin recursos humanos y económicos no va a tener continuidad; y también tiene que tener criterios de desestacionalización. El segundo pilar es trabajar con toda la comunidad. No puedes plantearte algo perdurable en el tiempo hablando solo con el ayuntamiento o con una asociación. Los territorios están compuestos de muchas personas y hay que darles entrada y que su participación no sea simbólica sino real, que puedan expresar su sentir en las reuniones.
—¿Eso no es un caos?
—Es verdad que la gente, al principio, usa las reuniones para protestar. Solo va a decir todo lo que falta, pero a mi me parece bien. Lo tomo como algo positivo, porque refleja que todo el mundo está deseando que las cosas funcionen y lo que hacen es marcarte lo que no va bien. Además, desde el punto de vista de la comunicación, es importante que la gente se desahogue para que luego estén en una disposición más positiva y sean capaces de escuchar y aportar. Es la parte que más me gusta, porque son las personas las que hacen el territorio, sin ellas no se comprende.
—¿Y el tercer pilar?
—Es el más importante: hay que respetar el modo de vida rural y protegerlo todo lo que puedas. Mantener ese estilo de vida significa no perder la autenticidad y potenciar todos los trabajos asociados a él. Si perdemos esa esencia, perdemos lo que nos define. Si únicamente trabajas para potenciar el turismo, si solo te centras en atraer visitantes, lo que haces es convertir los pueblos en parques temáticos donde va la gente de la ciudad a estar un rato a gusto, pero el lunes, cuando se vuelven, no queda nada ahí.
—¿Cuál es el primer paso?
—La metodología consta de cinco puntos, que son públicos y se pueden ver en la web, pero lo primero es implicarse en el territorio. Hay que conocer lo que pasa, su realidad. En los cursos que doy en mi Escuela de Turismo Generativo explico, por ejemplo, los distintos tipos de personas que encuentras: las hay que saben que tienen un problema pero no cómo abordarlo y otras que sí saben qué hay que hacer pero no con quién.
—¿Cómo se le ocurrió que el plan de turismo generativo de San Xoán de Río debería basarse en la longevidad?
—A cada sitio que voy lo que intento es identificar el elemento que define al territorio. Por ejemplo, en la comarca de Las Garrigas, en el sur de Lérida, tienen un paisaje poco atractivo, muy explotado con muchas granjas de cerdos. Pero también tienen 1.200 cabañas abovedadas hechas con piedra que son un elemento de fuerza extraordinaria. En Río me llamaban mucho la atención los castaños, pero el alcalde me lanzó el reto de la longevidad. Y, efectivamente, es una cosa muy singular. A la gente le gustará saber cómo es y qué pasa en un lugar en el que se vive tantos años que, de hecho, está dentro de lo que se investiga como la sexta zona azul del mundo. En torno a esta realidad deben generarse iniciativas emprendedoras de todo tipo, vinculadas los oficios, a la comida, a los cultivos o que inviten a experimentar el estilo de vida e incluso a quedarse.