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«Aquí sientes alegría, pero también pena»

óscar lópez / i. c. SANTIAGO / LA VOZ

COSAS DEL CAMINO

El Obradoiro acoge a un sinfín de peregrinos que festejan el final del Camino de mil maneras

31 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Después del bum del Apóstolo, los peregrinos no cesan de llegar al Obradoiro por millares. La plaza luce estos días un ambiente festivo en el que se dan cita todo tipo de personas llegadas de los más diversos lugares tras haber compartido la gran experiencia vital del Camino. En la última estación de su andadura, los gritos de júbilo se abren paso entre los aplausos y los rituales de celebración de cada uno. No faltó quien aprovechase la ocasión para pedir matrimonio a su pareja, festejar su despedida de soltero o simplemente bailar en el corazón de la ciudad a la que tanto esfuerzo cuesta llegar.

Una de las historias más especiales es la de los zaragozanos José Vicente Formigós, María Pilar Burrillo y su hijo Jacobo, concebido en Compostela durante el Xacobeo 2010. Tras realizar un primer viaje en el 2012, con tan solo dos años, por una promesa de sus padres al Apóstolo, vuelve a peregrinar con ellos coincidiendo con el nuevo año santo. «A pesar de que tragó también el polvo del camino y sufrió tanto como nosotros, aquel año no le quisieron dar la compostela porque decían que al ser tan pequeño no era consciente de lo que estaba haciendo, así que ahora, aprovechando que ya hizo la comunión y puede recibirla, decidimos volver», explican José Vicente y María Pilar.

Ese sufrimiento del Camino está muy presente en el recuerdo de los peregrinos que llegan al Obradoiro. Las dificultades enfrentadas, que pusieron a prueba a los caminantes, incrementan la satisfacción del final. «Cuantos más dolores tienes, más quieres acabar, e incluso llegas a momentos de desesperación, pero al final ves que vas llegando y te superas a ti mismo día a día», comenta Javier Picazo, madrileño ataviado con la camiseta del Atleti al que la ruta jacobea también le trae suerte en lo futbolístico, porque «cuando vine la otra vez, también llegué con la camiseta y después ganamos la liga».

Hay también quien, a pesar de repetir, encuentra distinta la plaza. «Cuando vine en el 2019 no pude disfrutar de la fachada de la Catedral, porque estaba en obras, y ahora no paro de mirarla», asegura Ana Ruiz, con la vista alzada, en compañía de su familia. También conservan intacta la ilusión los más veteranos del lugar, como el pamplonés Javier Martínez, quien afirma que «la emoción de entrar por cualquiera de las puertas y escuchar a la gente sigue siendo la misma después de siete caminos».

Elisenda Guedea y Toni Hosta, barceloneses, recuerdan un Obradoiro mucho menos vivo. Realizaron su primera peregrinación en plena segunda ola, entre octubre y noviembre, y fueron prácticamente los únicos en una plaza desierta. «En esta ocasión ha sido fantástico porque hemos podido hacer el Camino con unos compañeros fabulosos que conocimos ya en Oviedo, desde donde salimos», explica Elisenda. Al grupo se le han unido más miembros con los que iban coincidiendo en las diferentes paradas de la Ruta. Haciendo gala del espíritu de camaradería que caracteriza al peregrino, reciben como auténticos héroes a los compañeros que van llegando al Obradoiro a cuentagotas, embargados por el mismo júbilo. Tal es el caso de René y Lucas Caldentey, padre e hijo, que desfilan entre ovaciones bajo los bastones alzados de sus compañeros.

Sin embargo, no todo es alegría, ya que «al llegar aquí tienes sentimientos encontrados, porque, por otro lado, también está la pena de que termine esta experiencia tan bonita», comenta Javier Picazo. Sin dejarse llevar por el pesimismo, los madrileños Pedro Núñez y Pilar Rodríguez piensan ya en el próximo Camino. «El año que viene comenzamos el del Norte», aseguran.