Qué ver en Galicia: Diez lugares para disfrutar de Caldas

Rebeca Cordobés

VEN A GALICIA

Fervenza de Segade.
Fervenza de Segade. RAMON LEIRO

El PortAmérica, que se celebra este fin de semana, es la excusa perfecta para disfrutar de una comarca marcada por la huella de los romanos, atravesada por el Camino de Santiago y bañada por ríos y manantiales de agua termal

29 sep 2021 . Actualizado a las 01:15 h.

Este fin de semana se celebra el PortAmérica. El primer festival que se podrá disfrutar de pie en Galicia tendrá lugar en Caldas. Una comarca termal bañada por los ríos Ulla y Umia, atravesada por el Camino Portugués y marcada por el patrimonio de los muchos pueblos que la habitaron. Formada por los municipios de Caldas de Reis, Valga, Moraña, Pontecesures, Catoira, Cuntis y Portas, esta zona ejerce de nexo entre las provincias de A Coruña y Pontevedra.

Tanto si tienes entrada como su no, la cita musical es la excusa perfecta para descubrir el patrimonio de la comarca pontevedresa. Su pasado romano, la llegada de los vikingos, las raíces celtas y el constante paso de peregrinos han dejado una huella histórica visible en su arquitectura. Además, cuenta con auténticas joyas naturales y paisajísticas que solo son posible gracias a la cantidad de ríos, fervenzas y manantiales termales que bañan la zona. Es difícil elegir entre tanta variedad, pero estos son diez lugares ideales para disfrutar de Caldas.

Burga de Caldas

Burgas de aguas termales de Caldas.
Burgas de aguas termales de Caldas. M. MARRAS

Las aguas termales fueron el elemento clave en el nacimiento y el desarrollo histórico de Caldas de Reis. Prueba de ello es que los romanos bautizaron la villa como Aquis Celenis. Un nombre que hacía alusión a los Cilenos, el pueblo que habitaba la zona en el siglo III a.C., y a las aguas minero-medicinales.

Caldas cuenta, además de con dos balnearios, con una fuente pública de agua termal. Conocida como A Burga, cuenta con dos caños decoradas con cabezas de leones por las que el agua sale a unos 50º. Está situadas en el casco histórico de la villa, cerca de un lavadero de ropa que se abastece del mismo manantial.

Castro de Castrolandín, en Cuntis

Castrolandín, en Curtis.
Castrolandín, en Curtis. CAPOTILLO

Cuntis es otra de las villas termales de la comarca. Además de compartir con Caldas la existencia de fuentes, lavaderos y un balneario, tienen un origen común. El municipio estuvo habitado por los Cilenos entre los siglos IV a.C. y I d.C. La huella más visible de este pueblo está en las afueras de la localidad. Se trata de el castro de Castrolandín. Un poblado fortificado de más de 1000 metros cuadrados y en buen estado de conservación que permite viajar en el tiempo y descubrir cómo era la vida en Galicia en la Edad de Hierro.

Puente romano de Pontecesures

Puente romano de Pontecesures sobre el río Ulla.
Puente romano de Pontecesures sobre el río Ulla. MARTINA MISER

El castro de Cuntis fue abandonado con la llegada de los romanos, que dirigieron los asentamientos hacia los ríos para aprovechar los manantiales de aguas minero-medicinales. Pero su huella va mucho más allá del legado termal. Aún se conserva en pie parte del patrimonio arquitectónico que dejaron. Prueba de ello es el puente de Pontecesures.

El puente romano sobre el río Ulla data de hace casi dos milenios. Se construyó para comunicar la ciudad portuguesa de Braga con Lugo a través de la Vía XIX. En la Edad Media, permitió enlazar Santiago con las Torres del Oeste de Catoira y la ría de Arousa. En la actualidad no ha pedido su vocación y sirve para unir las provincias A Coruña y Pontevedra. Un paso obligatorio para los peregrinos que hacen el Camino Portugués y deben cruzar de Pontecesures a Padrón.

El aspecto del puente es muy diferente al que debió tener en la época romana. Se sabe que a lo largo de su historia sufrió varias remodelaciones. La más famosa fue realizada en el siglo XII por el Maestro Mateo.

Torres del Oeste, en Catoira

Torres do Oeste, en Catoira.
Torres do Oeste, en Catoira. MARTINA MISER

El Camino Portugués no es el único que atraviesa la comarca de Caldas. La historia de este rincón de Pontevedra ha estado ligado a Santiago desde la aparición de los restos del Apóstol. Cuenta la leyenda que llegaron en una barca a través de la ría de Arousa y el río Ulla. La conocida como ruta Traslatio fue también la que intentaron seguir los normandos para invadir Galicia entre los siglo IX y X. Uno de los intentos de saqueo se conmemora cada año con la Romaría Vikinga de Catoira.

La fiesta declarada de interés turístico se celebra en las Torres del Oeste. Los resquicios de un castillo construido con el objetivo de impedir el paso de los barcos enemigos de la ría de Arousa al río Ulla. Por algo se conocía a la fortaleza como «Llave y Sello de Galicia». Aunque solo se mantiene en pie una pequeña parte, la visita vale la pena. Cuenta con un paseo de madera y un mirador que es la envidia de más de un «instagrammer».

Santuario dos Milagres de Amil, en Moraña

Capilla dos Milagres de Amil el día de la romería.
Capilla dos Milagres de Amil el día de la romería. CAPOTILLO

El patrimonio religioso de la comarca cuenta incluso con su propio lugar de peregrinación: el Santuario dos Milagres de Amil. Cuenta la leyenda que un anciano pidió ayuda a la virgen para conseguir agua para la cosecha y milagrosamente brotó un caudal en su propio huerto. Como agradecimiento, construyó una fuente conocida como Fonte da Rozabella y una imagen de piedra de la virgen. La gente que se enteró del suceso empezó a peregrinar al lugar y con el tiempo se construyó la capilla.

A día de hoy aún hay peregrinos que se dirigen al santuario, situado en Moraña, a cambio de que la virgen obre algún milagro. Además, cada mes de septiembre se celebra la romería de la Virxe dos Milagres de Amil, una de las más multitudinarias de Galicia. Creas o no en las leyendas que rodean la capìlla, ir a visitarla permite disfrutar de una joya de la arquitectura neoclásica y de un entorno natural de cuento.

Molinos de Catoira

Molinos de viento de Catoira.
Molinos de viento de Catoira. MARINA SANTALO

El patrimonio arquitectónico de Caldas vas más allá de las grandes obras civiles o religiosas. La comarca aglutina muestras de construcciones populares, como los hórreos. Pero si hay un lugar que destaca, es Catoira. Se trata del único municipio de Galicia que cuenta con ejemplos de los tres tipos de molinos tradicionales: de río, de marea y de viento.

Los molinos de viento de Catoira resultan llamativos por ser poco habituales en la comunidad. Cuentan además con un doble sistema de aspas que se cree que es único en Europa. Si aún hace falta otro argumento para visitarlos, es el paisaje que los rodea. Desde lo alto del monte Abalo, donde se levantan, se puede disfrutar de las vistas del ría de Arousa, la desembocadura del río Ulla y la laguna de Pedras Miúdas.

Fervenza de Raxoi, en Valga

MONICA IRAGO

Otra de las localidades que cuenta con ejemplares de molinos de viento es Valga. Pero, en este caso, los más famosos son los del río del mismo nombre. Uno de los tramos por los que pasa el caudal, entre Raxoi y Pedrafita, cuenta con espectaculares saltos en los que el agua se desplaza con fuerza entre rocas y piscinas naturales. El más alto es la fervenza de Raxoi, con una caída de unos 15 metros.

El lugar es idóneo para hacer una ruta de senderismo. Una pasarela de piedra recorre la ribera del río entre molinos, cascadas y rocas cubiertas de verde. Un enclave donde la naturaleza habla sola y el silencio solo se rompe con el sonido del agua.

Fervenza do Segade, en Caldas

Fervenza y pozas de Segade, en Caldas.
Fervenza y pozas de Segade, en Caldas. P.CHAPELA

Lo cierto es que la comarca es tierra del agua. Otro de los ejemplos se encuentra en Caldas de Reis. Allí el río Umia forma una cascada de 30 metros de altura que desciende por las rocas formando un tobogán y varias piscinas naturales. Aunque el tiempo no acompañe para pasar una tarde de baño, la fervenza de Segade es todo un espectáculo digno de admirar.

Una de las opciones para visitar este lugar es hacer una ruta de senderismo. Además de la fervenza, la zona cuenta con las ruina de una vieja fábrica de luz, varios molinos y algún que otro puente romano.

Parque de Caldas de Reis

Parque de Caldas de Reis.
Parque de Caldas de Reis. RAMON LEIRO

También en Caldas de Reis y a orillas del río Umia se encuentra otra de las joyas naturales de la comarca. Un jardín botánico catalogado como bien de interés cultural que cuenta con especies de los cinco continentes. Junto a él, se extiende una carballeira con más de 200 árboles centenarios que conforman un pulmón verde en pleno centro de la localidad.

Si eres un habitual del PortAmérica, reconocerás el lugar porque es donde se celebraba tradicionalmente el festival. Ya que este año han tenido que cambiar la ubicación para adaptarse a la situación sanitaria, visitar el parque de Caldas es buen plan para recordar tiempos mejores o para mirar a la próxima edición con esperanza.

Azucarera de Portas

Azucarera de Portas.
Azucarera de Portas. Martina Miser

En cualquier caso, la ubicación elegida para la actual edición del PortAmérica es la azucarera de Portas. El edificio que albergó la antigua fábrica de azúcar durante tan solo tres años fue rehabilitado para su uso público tras un siglo de abandono. Un auditorio, una guardería, un centro de la tercera edad, una ludoteca y una sala de exposiciones llenan ahora de vida esta construcción.

Además de los muros, lo único que queda intacto de su pasado industrial es la chimenea de 60 metros de altura. Se trata además de uno de los principales atractivos turísticos de Portas. La zona más elevada se ha convertido en un mirador panorámico del valle de O Salnés.