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La pandemia impide que el Camino de Santiago alcance las cifras de los últimos años santos

Rebeca Cordobés

VEN A GALICIA

Sandra Alonso

Pese a haber llegado a los 177.628 peregrinos, el resultado queda lejos de los 272.135 del Xacobeo del 2010 y del récord de 347.135 compostelas que se batió en el 2019

05 may 2022 . Actualizado a las 19:10 h.

La pandemia también afectó al Camino de Santiago. Ni la vacuna del Xacobeo ni la dosis de refuerzo de los meses de verano fueron capaces impulsar el éxito de las rutas a las cifras de los últimos años santos. Pese a haber alcanzado los 177.628 peregrinos a fecha del 15 de diciembre, el resultado queda lejos de los 272.135 del 2010 y del récord de 347.135 que se batió en el 2019. Tan solo quedan cerca los datos del 2004, con sus 179.994 compostelas entregadas.

Se hizo lo que se pudo, pero las idas y venidas de esa marea de olas pandémicas hicieron zozobrar al barco estrella del año santo en más de una ocasión. Sin embargo, no todo son malas noticias. La Xunta fijaba en 140.000 peregrinos el objetivo para este primer año del Xacobeo 21-22. Ahora, a punto de alcanzar los 180.000, «o balance é moi positivo xa que se superaron as expectativas», manifiestan desde la Consellería de Turismo.

Lo cierto es que el Camino empezó el año en estado crítico, en una de esas UCIs que han marcado la evolución de las restricciones, que se reflejaron en los 60 peregrinos que llegaron en enero o los 14 que lo hicieron en febrero.

Quizá fue cosa del Apóstol, que esperó pacientemente en el interior de una catedral en reformas, paralizadas también por la pandemia. Quizá, de la responsabilidad de los gallegos, que vieron cómo sus familiares y amigos quedaban fuera de su grupo de convivientes. Quizá fue gracias a esas vacunas que vuelven a aparecer en las primeras páginas de los periódicos. Pero el caso es que el Camino revivió, poco a poco, pasando de la uci a planta. Así, en marzo se alcanzaron los 194 peregrinos, en abril los 1.024 y en mayo, con el fin del toque de queda, los 4.295.

Junio y el verano arrojaron luz sobre las flechas amarillas, pese a no tener luminarias de San Juan que las calentaran, y alcanzaron Santiago 14.825 personas. Pero el bum se dio a partir de los meses centrales del verano, cuando los peregrinos pudieron destapar sus bocas para sonreírse mientras se cruzaban en la ruta. Julio dejó un total de 33.963 compostelas y agosto otras 43.575.

Con la llegada del otoño, el afán por hacer cualquiera de las diez rutas oficiales no decayó. Con el Camino ya recuperado de los meses de baja, se mantuvo un ritmo de llegadas a la catedral de 37.464 en septiembre y 31.169 en octubre. A principios de ese mes, ya se había alcanzado el objetivo marcado por la Xunta. El Camino resucitaba, aunque con respiración asistida, para salvar un Xacobeo que aún tiene mucho que decir.

La situación actual ya es conocida por todos. Variante ómicron, terceras dosis, vacunación infantil... Y las rutas xacobeas, que caminan a la par que los peregrinos que las pisan, lo notan. También ayuda el mal tiempo, claro. Pese a todo, noviembre se cerró con 9.094 peregrinos, más que los que llegaron con la primavera. En lo que va de diciembre, las 1.952 compostelas entregadas hacen pensar que esto es solo un alto en el Camino.

Las peregrinaciones se sitúan ahora en niveles bastante similares a los del año santo del 2004. Pero cabe recordar que hasta el 2010 no se produjo el bum que dio lugar al nacimiento de nuevas rutas, como el Camino Portugués de la Costa. Por poner un ejemplo, en el 2005 se entregaron tan solo 93.924 compostelas y en el 2009, pese al paulatino aumento de la popularidad del Apóstol, se alcanzaron 145.877. Todo cambió en el 2011, cuando la vieira amarilla que ahora da forma a la mascota del Xacobeo 21-22 se convirtió en toda una «influencer».

No hay más que echar un vistazo a la procedencia de los peregrinos para entender el fenómeno de masas que se dio la pasada década. Si en el 2005 el 43,6 % de los peregrinos eran extranjeros, en el 2019 ya representaban el 57,9 %. Los cierres de fronteras y restricciones de movilidad que han marcado el primer año de este Xacobeo 21-22 harían pensar que las peregrinaciones internacionales caerían en picado. Pero no es así. Con un 31,6% de extranjeros, el Camino de Santiago mantuvo un tirón similar al 30,9 % del 2010 e incluso superior al 23,8 % del 2004.

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Aún queda mucho camino para llegar a las cifras del 2019 pero hay que tener en cuenta que el Xacobeo tiende a barrer para casa y provoca picos de peregrinos nacionales. Quizá en otro contexto este año santo hubiese atraído a más extranjeros, pero es algo que solo se puede suponer.

Lo que sí se puede asegurar es que la crisis sanitaria ha supuesto un cambio en el podio de países que más peregrinos exportan. Y que Portugal parece estar detrás del milagro de las peregrinaciones internacionales. Los lusos nunca estuvieron en el podio. Tanto en el 2004 como en el 2010 ocuparon el cuarto lugar en el ránking, con un 1,8 % y un 2,9 %, respectivamente. Este año, se llevan el oro con un 5,2 % de las compostelas. Superó así a Italia, con un 4,4 %, Alemania, con un 3,7 %, Estados Unidos con un 3,2 % o Francia, con un 2,5 %. Países que siempre mantuvieron la hegemonía en los primeros puestos.

Pero no todos los hitos de este Xacobeo están relacionados con la pandemia. El actual es el año santo con más rutas oficiales y el que más ha diversificado el paso de los peregrinos por los distintos itinerarios. El Camino Francés, que acaparó un 55,1 % de las peregrinaciones, pierde su hegemonía en favor de otros trazados más cortos y pegados al litoral.

El mejor ejemplo llega, de nuevo, del país vecino. El Camino Portugués ya supone un 19,1 % de las peregrinaciones. Y es que cada vez son más las personas que deciden seguir las flechas amarillas desde el otro lado del Miño. Prueba de ello es la aparición, por primera vez en año santo, del Camino Portugués de la Costa, que ya suma un 4,4 % de las compostelas.

En cuanto al resto de rutas, un 6,1 % de los peregrinos optaron el Camino Inglés, un 5,7 % eligieron el Primitivo, un un 5,4 % el del Norte y un 2,2 % fueron por la Vía de la Plata. El 2,1 % restante se dividió entre el Camino de Fisterra y Muxía, el de Invierno y otros itinerarios modernos como la Ruta del Mar de Arousa y el Río Ulla. Puede que no haya sido el Xacobeo con más llegadas a la catedral, pero sí el que aglutina más Caminos que llevan a Santiago.

Tak, un peregrino de Corea del Sur que llegó este jueves a O Cebreiro haciendo el Camino
OSCAR CELA

EL CAMINO FRANCÉS

O Cebreiro, la aldea del Camino Francés que se llenó al completo de peregrinos pese al covid

«Hay muchos casos de la variante ómicron en Seúl y yo estoy donde más necesitaba, en la naturaleza y en paz», cuenta un caminante surcoreano

UXÍA CARRERA

La entrada a Galicia del Camino Francés, O Cebreiro, siempre cuenta con algún curioso en el Palloza Museo o con la asistencia puntual de los peregrinos a la misa en la iglesia de Santa María de O Cebreiro, uno de los monumentos más antiguos de la ruta jacobea. Incluso este diciembre, que ya es temporada baja y el coronavirus sigue marcando el turismo, no hubo ni un solo día sin peregrinos en la aldea de Os Ancares. Es una muestra de que, pese a la situación sanitaria, este año fue «moi positivo» y «houbo moitísimo traballo». 

Este jueves se hospedaron en O Cebreiro tres caminantes, dos de ellos franceses en un hotel privado, y un surcoreano, en el albergue público. Tak, de Seúl, empezó el Camino el 21 de noviembre en Saint Jean Pied de Port y encontró lo que venía buscando: paz. Es la primera vez que hace el Camino y quiso aprovechar sus vacaciones para escapar de la ciudad: «Ahora mismo hay muchísimos casos de la variante ómicron en Seúl y yo estoy donde más necesitaba, en la naturaleza». Así que decidió emprender la ruta él solo para andar entre montañas, árboles y respirar aire puro. «Me gusta mucho caminar y en Corea del Sur cada vez se está haciendo más popular el Camino de Santiago, así que me pareció la mejor experiencia para mí», cuenta. Tak llegará a Santiago en siete días después de más de un mes de aventura por la ruta más emblemática. De hecho, no sabía que existían más variantes y explica que el Camino Francés es el que está más generalizado en su país. Para él, fue un acierto porque está descubriendo «sitios maravillosos». En O Cebreiro alucinó con la existencia de las pallozas y, sentado en lo alto de la aldea, solo puede repetir: «¡Qué vista más bonita!». 

El surcoreano era ese día el único peregrino hospedado en el albergue público, aunque la cantidad de caminantes está siendo irregular durante este mes. Hay días con una sola persona y otros, de esta misma semana, que llegaron hasta 15. Estas cifras no son nada comparado con lo que la aldea vivió en verano. «Estaba todo cheo e os peregrinos tiñan que dormir fóra ou buscarse outra alternativa», explican desde el hotel O Cebreiro. En los meses de julio y agosto, la gran cantidad de peregrinos -«era coma un día de neve»- chocó con las restricciones del coronavirus. La Xunta solo permitía un 30 % de aforo en los albergues, lo que provocó colas a primera hora de la mañana de «hasta 60 peregrinos» en las puertas de los alojamientos. «Houbo problemas de hospedaxe no verán tamén porque é unha das aldeas favoritas do Camiño, sobre todo dos madrileños, cataláns ou andaluces», explica la responsable de la oficina de turismo, Judith Pereiro.

Todo lleno para mayo

A partir del mes de junio fue cuando los peregrinos volvieron a lanzarse al Camino y el balance final de los albergueros es que fue un año que superó todas las expectativas, aunque no pesó tanto el Xacobeo sino la necesidad de estar al aire libre. «Non podemos queixarnos porque tivemos as habitacións sempre con xente e demos tódolos días de comer», cuenta Marisol, del hotel O Cebreiro, el único alojamiento privado que abre todo el año. Tras este año, todos los responsables de los negocios de O Cebreiro coinciden en que el 2022 va a ser un éxito. «En maio temos as habitacións cheas case todos os días porque é o mes dos extranxeiros, que son os que reservan con máis antelación». De hecho, esperan que en enero, pese al frío y las nevadas, la afluencia de peregrinos ya sea alta.

Carolina Rodrigues, de Coímbra, llegó este sábado a Tui tras haber iniciado su ruta en Oporto
Mónica Torres

EL CAMINO PORTUGUÉS

«Voy a hacer el camino para reflexionar tras un año muy difícil»

MÓNICA TORRES

Los peregrinos de invierno del Camino Portugués suelen viajar solos o en pareja, como Carolina Rodrigues. Esta joven farmacéutica lusa, de 27 años, fue una de las primeras en cruzar este sábado la raia con su mochila en ruta hacia Santiago. «Voy a hacer el camino para reflexionar y pensar un poco tras un año difícil. Ayer acabé en un trabajo y el 3 empiezo en otro sitio, así que tenía el tiempo exacto para hacer esta ruta», explica esta joven de Coímbra. Es su primera vez en una ruta jacobea y viaja sola. «Creo que con fe y un poco de cuidado no habrá problemas, las mujeres podemos viajar seguras solas», defiende abriendo camino. Esteban López, de 25 años, comenzó su peregrinación en Oporto el lunes, el sábado llegó a Tui y el lunes se encontrará en Pontevedra con su hermano para alcanzar juntos la capital gallega y regresar a tiempo a Barcelona para disfrutar con la familia en Nochebuena. «Nunca había estado en Portugal y, la verdad que me encanta. Quería estar unos días fuera y los vuelos desde Barcelona son baratos, así que me decidí», explica. En cuarto de la ESO hizo un tramo del Camino del Norte, desde Sarria, con el colegio. «Soy católico y me siento más conectado con Dios en la montaña y en la naturaleza», asegura este joven en el ecuador de su camino.

Los albergues afrontan la última quincena de diciembre con muy pocas reservas, pero en noviembre han tenido más afluencia incluso que otros años. «A maioría dos peregrinos que chegan a Tui son portugueses ou veñen por vía aérea dende Oporto. Tendo en conta as novas retricións nos aeroportos lusos e as variacións dos contaxios, as cifras son sorprendentes e positivas nos tempos que estamos», considera el alcalde de Tui, Enrique Cabaleiro. El regidor se muestra optimista, si la evolución de la pandemia lo permite. «Creo que se o escenario chega a normalizarse un pouco o ano que vén imos superar, con moito, as cifras de anos anteriores á pandemia», sostiene el alcalde. En el albergue de Ideas Peregrinas, justo al lado de la catedral, tienen muy poca ocupación esta semana, pero también destacan los buenos resultados de noviembre. El puente de la Constitución registraron los mejores resultados del año.

Janise Mantilla y Margaux Leblanc, peregrinas francesas en Fisterra.
Ana García

FISTERRA

«Tenía depresión y el Camino ha sido mejor que cualquier terapia»

MARTA LÓPEZ

En lo que va de año, en Fisterra han sellado alrededor de 11.400 fisterranas, un pasaporte similar a la compostela que acredita la realización del tramo final del Camino hacia el fin del mundo. En el 2019 fueron 25.000. La diferencia puede parecer demoledora, pero teniendo en cuenta que hasta junio no se vio ni un solo peregrino por la localidad, en Fisterra prefieren ver el vaso medio lleno: «Nos primeiros meses non houbo absolutamente nada, e nun ano normal estarían vindo xa dende Semana Santa e ata o outono. Decembro xa soe ser un mes frouxo, pero este está sendo similar ao doutros anos», explican desde el albergue municipal. 

La retirada de determinadas conexiones aéreas o los requisitos que los países piden para entrar en su territorio con cada nueva ola del coronavirus han hecho escasear al peregrino internacional. «Nestes momentos, por exemplo, están faltando os alemáns e os camiñantes do norte de Europa, pois neses territorios a situación sanitaria é máis complicada. Están chegando máis do sur do continente», añaden desde el albergue público, en donde resaltan que, en algunos casos, la carencia de certificado de vacunación puede ser un problema.

Le pasó a unos compañeros de Janise Mantilla y Margaux Leblanc, dos peregrinas francesas que este jueves disfrutaban del sol invernal junto al faro fisterrán. «Nosotras no tuvimos ningún problema en todo el Camino porque llevábamos nuestras mascarillas y nuestro pass sanitario, pero unos compañeros tuvieron que darse la vuelta al llegar a Galicia porque no lo tenían», resalta Janise.

Ellas se encontraron durante esta experiencia y tienen claro que la amistad que han forjado será duradera. «Será una forma de prolongar el Camino», explica Janise, «cuando Margaux me vea en mi vida normal recordará cómo yo era aquí, mi verdadero yo. Si me vuelvo demasiado materialista o me olvido de quién soy realmente, ella me lo recordará».

En su caso, se lanzó a la experiencia porque llevaba casi dos años sumida en una depresión: «Cuando toqué fondo, me marché. Aquí, en el Camino, te presentas como tú realmente eres y te encuentras con gente que te aprecia así, sin tus ropas bonitas, sin tu maquillaje… Para mí esto ha sido mejor que la terapia: antes estaba tomando medicación y aquí ni la he necesitado», relata la joven.

 Ambas tenían claro que querían ir más allá de Compostela. «Las dos queríamos acabar aquí, porque esto es el fin del mundo, no se puede caminar más», señala Margaux. Su compañera recuerda cómo fue esa primera visión del mar, en los montes de Cee: «Fue mágico. Llegamos al atardecer y el día se acabó con el peregrinaje. Estuvimos en la playa, hicimos un fuego… Fue algo tan bonito que se quedará con nosotras toda la vida», rememora.

Vitêzslav Cina, salió de Praga hace 17 meses con 900 euros en el bolsillo. En la imagen, con su perro en Fisterra
Ana García

Y toda una vida es precisamente el tiempo que Vitêzslav Cina llevaba dedicando a los demás antes de darse cuenta de que necesitaba hacer algo solo para él. «El sistema no te devuelve todo lo que tú le entregas», reflexiona este caminante checo desde el puerto de Fisterra, por donde pasea con su único compañero, un perro que le ha seguido en el peregrinaje más largo de su vida.

 Cuando salió de Praga llevaba 900 euros en el bolsillo pensando que sería suficiente para unos cuantos meses de itinerario hacia Galicia. Claro que, entre medias, le pilló la pandemia. Ya había atravesado Alemania y el país galo, y estaba ya casi en la frontera cuando en España se declaró el primer estado de alarma. Relata Víctor [así se hace llamar en Fisterra] que pasó tres meses y medio en un cámping en Saint Jean Pied de Port, con comida y pienso para su perro que le llevaban las autoridades y las gentes del pueblo.

Agradece inmensamente esa ayuda desinteresada, así como también la que recibió una vez pudo retomar la travesía hacia Galicia. «Yo no sabía nada de Compostela ni del Apóstol, pero tenía claro que quería caminar hacia el fin del mundo», explica. A ese punto llegó en febrero y van ya 17 meses fuera de su Praga natal. «No quiero volver. Allí no tengo a nadie, estoy solo, y además me avergüenzan las cosas que están pasando en mi país», dice. 

 Y un futuro más prometedor es precisamente lo que desean comerciantes, hosteleros y albergueros de la localidad, que han visto cómo se chafaba un año santo tan esperado por todos. Silvia Martínez lleva desde hace treinta años un kiosko-tienda de regalos a los pies del faro y, si antes hacían falta «cinco ou seis persoas» para atender el comercio en los mejores tiempos, durante este año se han arreglado con dos. «Antes isto era unha locura e chegabas con moita xente ata o Nadal. Desta vez concentrouse todo no verán, que é cando vén o peregrino nacional; pero ao fallar o estranxeiro o resto do ano houbo moi pouco. Creo que non acabamos de ser conscientes do dano que fixo esta pandemia», concluye.